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Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor: Acaba de hacerse público que el Santo Padre me ha nombrado obispo de la diócesis de Zamora. A la vez que le agradezco la confianza y benevolencia hacia mi humilde persona y le expreso mi total y sincera adhesión y comunión, mi recuerdo se dirige ahora a todas las buenas gentes zamoranas. El Señor me envía a vosotros, benditos y amados de Dios. El Señor me invita a subir a vuestra barca para que juntos sigamos echando las redes en su Nombre. Desde este primer momento, y hasta que Dios lo quiera, os ofrezco, con la ayuda de su gracia, servir al Señor y a vosotros, mis hermanos, con entera fidelidad y sincero corazón. Envío un abrazo afectuoso y agradecido al Señor Administrador Diocesano, don Juan Luis Martín Barrios, al frente y servicio de esta Iglesia durante los últimos meses de sede vacante; al Colegio de Consultores y a todos los sacerdotes, hermanos nuevos y entrañables que Dios me ofrece a partir de ahora. Saludo igualmente con mirada llena de esperanza a nuestros seminaristas. Mi recuerdo también, muy especialmente, a los monasterios de vida contemplativa, a los consagrados y consagradas y a todos los fieles cristianos de la querida diócesis de Zamora, desde Benavente a Fuentesaúco, desde las tierras de Aliste, Alba y Sayago hasta las de Villalpando y Toro. Hacedme el regalo de vuestra oración continua e intensa por este humilde servidor del Señor. Pedid por mí a la Santa Madre de Dios y encomendadme a la protección de nuestros santos patronos Atilano e Ildefonso. Mientras llega el momento de podernos conocer y caminar juntos por esas benditas tierras del pan y del vino, os deseo que preparéis con intensidad los caminos del Señor que viene a salvarnos; y que Él os conceda una santa y gozosa celebración del misterio de su nacimiento. Con todo afecto, Gregorio Martínez Sacristán Obispo electo de Zamora |