Carta pastoral del Sr. Obispo en el Día del Seminario 2007

SACERDOTES,TESTIGOS DEL AMOR DE DIOS

Marzo 2007

Mis queridos hermanos en el Señor Jesucristo:

Al comienzo mismo de mi ministerio episcopal es para mí una gran alegría poder dirigirme a vosotros con ocasión de una jornada que, sin duda, todos llevamos en el corazón: el día del Seminario.

El próximo día 18 de marzo celebraremos el día del Seminario con el lema: Sacerdotes, testigos del amor de Dios.
Nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, en su primera encíclica, nos ha ayudado a centrar la mirada en la raíz de nuestra fe: Dios es amor. Es la verdad primera, aquella de la que nos alimentamos y que manifestamos al mundo. En el mensaje de la Cuaresma para este año el mismo Benedicto XVI volvía a insistirnos: “Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo”.

Y es que el amor de Dios está en el origen de nuestra existencia y de nuestra fe. Vivimos del amor que recibimos y nuestra vida está marcada por el amor que damos y que se nos da. Por eso este año 2007 la campaña del Seminario nos recuerda una dimensión fundamental de lo que los sacerdotes han de ser en la Iglesia: testigos del amor de Dios. Hombres que habiendo experimentado en su vida el amor desbordante de Dios se convierten para sus hermanos y para el mundo, respondiendo a la llamada que Dios les hace, en sus testigos y anunciadores.

Hermanos muy queridos en el Señor, no hay Iglesia sin ministerio ordenado. Dios ha querido que su Iglesia se vea enriquecida por muchos dones y carismas, pero el don del sacerdocio, que perpetúa sacramentalmente la presencia de Cristo Pastor en medio de nosotros, es esencial para que la Iglesia sea lo que Nuestro Señor ha querido que sea.
Por eso, esta jornada del Día del Seminario ha de ser para todos, laicos, consagrados y sacerdotes, niños, jóvenes y adultos, familias y parroquias, una jornada de especial predilección.

Hemos de dar gracias a Dios por nuestros Seminarios, Mayor y Menor. Ambos llevan a cabo con admirable dedicación e ilusión la tarea, fundamental para nuestra Iglesia Diocesana, de suscitar, acompañar, discernir y formar los pastores que Dios nos regala. Y los frutos están a la vista. Es un gozo inmenso contar en el comienzo de mi ministerio con ordenaciones diaconales y presbiterales en el horizonte.

Pero no podemos cerrar los ojos a la realidad. Nuestro Seminario Menor está trabajando con ilusión, con entrega y generosidad, diseñando un itinerario adecuado para nuestros chicos y para nuestros tiempos, pero necesita todavía un tiempo para que esa entrega y sus esfuerzos puedan dar frutos visibles de vocaciones. No hay nada importante que pueda construirse sin el tiempo suficiente.

Nuestro Seminario Mayor, por su parte, cuenta este año con tres diáconos, tres seminaristas en etapa pastoral y tres seminaristas en la comunidad de Salamanca. De estos tres, dos de ellos terminan sus estudios este curso, con lo que el curso que viene, si Dios no dispone otra cosa, tendremos en la comunidad de Salamanca un solo seminarista y, además, en 5º de Teología.

¡Dios sigue amándonos!, Dios sigue amando a su Iglesia que peregrina en Zamora y, por tanto, seguro que sigue proponiendo a algunos de nuestros jóvenes su admirable llamada: ¿quieres ser testigo de mi amor?
Esto quiere decir que los tiempos ponen ante nosotros una tarea que hemos de emprender llenos de esperanza y todos a una, cada cual desde su lugar, desde su propia vocación, porque esta propuesta necesita de aliento y mediadores.
Aliento: la oración insistente y confiada de toda la comunidad cristiana, porque todo el que pide recibe (Lc 11, 10). Esta oración, personal y comunitaria, ayudará a que toda la comunidad cristiana tome conciencia de la necesidad que tenemos de nuevos sacerdotes, testigos del amor de Dios. Ayudará también a hacer la propuesta de la vocación a niños y jóvenes con inquietud, a la acogida a esa llamada desde la libertad más profunda, a la tarea de quienes han de acompañar, discernir y formar esa vocación. La oración de todos es indispensable para que nuevas vocaciones fructifiquen.
Pero también hacen falta mediadores, pues Dios se hace presente y se nos manifiesta a través de nuestros hermanos: la familia, el grupo de catequesis, la clase de religión, un amigo/a, el sacerdote de la parroquia, el colegio, algún profesor… En tantos momentos de nuestra existencia el Señor puede salirnos al encuentro para decirnos: ¿quieres ser testigo de mi amor?

Me han dicho ya en varias ocasiones en los días que llevo entre vosotros que la llegada de un nuevo Obispo ha supuesto, en más de una ocasión, un momento de empuje para el Seminario. Por mí no ha de quedar. Aprovechemos este momento de gracia que Dios nos concede y pidamos con fe y esperanza al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies, pero, a la vez, pongamos la mano en el arado y empujemos todos a una porque la Iglesia es cosa de todos y las vocaciones al sacerdocio también.

Hermanos, no dudo que este tema es un tema muy querido para todos. Sé que cuento con vuestra mejor disposición. Contad también vosotros con mi aliento y con todo lo que esté en mi mano para responder mejor a la tarea hermosa que el Señor nos encomienda en este campo.

Con mi afecto y bendición,

                                                        + Gregorio Martínez Sacristán
                                                               Obispo de Zamora