Programación Pastoral Diocesana - Curso 2005/2006
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PRESENTACIÓN POR EL SR. OBISPO

Un año más me cabe la dicha de presentar la Programación Diocesana para un nuevo Curso Pastoral; el presente es ya el tercero en la aplicación del vigente Plan Diocesano de Pastoral. Al escribir estás líneas resuena en mí la apremiante y siempre nueva invitación de Jesús a Pedro: "Rema mar adentro" y "echad las redes", fundamento del citado Plan. Estas palabras nos recuerdan la llamada apremiante y permanente de Jesús a la tarea prioritaria de nuestra Iglesia Diocesana, de sus comunidades y de todo cristiano: la Evangelización.

Al inicio de un nuevo curso, el Señor nos invita a avivar nuestra fe en Él y nuestra confianza en su presencia en la barca de nuestra Iglesia. Escuchemos su Palabra, acojamos su invitación y, fieles a la tarea recibida, digámosle: "En tu nombre, Señor, echaremos las redes". Las conocidas dificultades pastorales del momento -internas a nuestra Iglesia o externas a ella-, los resultados aparentemente nulos o pequeños de nuestra brega pastoral, o el cansancio por haberlo intentado, ya una y otra vez, no pueden justificar la tibiezas, las apatías, las rutinas o, menos aún, la inacción. El Señor nos apremia a la misión; Él está con nosotros.
Como ya es habitual, también para este curso hemos elegido algunos puntos concretos de los cuatro objetivos generales del Plan Diocesano de Pastoral. Este año damos prioridad a la implantación progresiva de las Unidades de Acción Pastoral, de modo que integre el resto de los objetivos, medios y acciones. Todos -sacerdotes, religiosos y laicos- debemos sentirnos implicados en esta tarea. No es compatible con la necesaria comunión en la misión la postura de quienes bloquean por acción o por omisión que este camino pastoral de nuestra Iglesia Diocesana llegue a los fieles y a las comunidades.

Las Unidades de Acción Pastoral, sin embargo, no pueden quedar reducidas a mera reorganización estructural; están puestas al servicio de la misión de nuestra Iglesia y de la presencia transformadora del Evangelio en nuestro mundo. Esto pasa necesariamente por crear comunidades evangelizadas para evangelizar la nueva cultura. Pero no lograremos comunidades vivas y evangelizadoras si sus miembros no estamos verdaderamente evangelizados. De ahí que hemos de cuidar con verdadero mimo la iniciación y maduración en la fe y en la vida cristiana personal y comunitaria de niños, adolescentes, jóvenes y adultos; su base ha de ser el encuentro personal con Jesucristo que lleve a la conversión y adhesión a Él y a su Evangelio en la fe de la Iglesia, a una vida acorde con la fe, a la práctica diaria de la oración y a la recepción frecuente de los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia, a la acogida de la propia vocación, al afecto hacia la comunidad eclesial propia, hacia la misma Iglesia y sus Pastores, y a una inserción efectiva en la vida y en la misión de la comunidad cristiana propia. Este planteamiento debe configurar nuestra actividad pastoral ordinaria, y, en especial, la catequesis, sobre todo, la de Confirmación, y la tan urgente formación de adultos.

Mención aparte merece la pastoral juvenil y la pastoral familiar, que piden redoblar esfuerzos. La situación de nuestra pastoral juvenil es muy preocupante: contados son los confirmados que, una vez recibido el sacramento, permanecen vinculados a la vida y actividad de sus parroquias, que se integran en grupos parroquiales o en movimientos o que practican asiduamente su fe. Todo ello nos debe interpelar seriamente a todos, en especial, a parroquias, colegios de la Iglesia y familias cristianas. Así mismo hemos de afrontar sin miedos el anuncio del Evangelio del matrimonio y de la familia en un contexto desfavorable; y urge trabajar sin excusas y sin demoras por una pastoral familiar integral, que contemple la acogida, el acompañamiento y la preparación de los novios para el matrimonio, así como el acompañamiento posterior de los matrimonios y de las familias para que vivan su vocación y su misión en la Iglesia y en el mundo.

Los distintos servicios diocesanos, sin olvidar sus tareas ordinarias, ofrecen medios y acciones a toda la comunidad diocesana para conseguir los objetivos de este curso. A, su vez, los arciprestazgos, las parroquias y el resto de las comunidades y movimientos habrán de concretar los medios y las acciones para trabajar en la misma dirección desde su propia realidad.
El Señor nos llama de nuevo a la misión. Fiados en su Palabra, confiados en su presencia y alentados por la fuerza de su Espíritu pongamos manos a la obra. Encomiendo a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, y pongo bajo la protección de San Atilano y de San Ildefonso el Curso Pastoral, que nos disponemos a comenzar.

Con mi afecto y bendición, vuestro Obispo,

+ Casimiro López Llorente
Obispo de Zamora