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Al
acto asistieron, entre otros, la Consejera de Familia e Igualdad
de Oportunidades de la Junta de Castilla y León y el Director
de Cáritas Española
Inauguración
de la Residencia de "San Agustín" en Toro
El día 10 de septiembre de 2003
a las 12,00 horas ha tenido lugar la inauguración oficial
de la Residencia para Mayores "San Agustín" de
Toro. El acto estuvo presidido por el obispo de la diócesis,
Casimiro López Llorente quien se encargó de bendecir
el edificio tras los discursos inaugurales. A dicho acontecimiento
asistieron numerosas autoridades locales, provinciales y autonómicas,
así como algunos representantes de Cáritas Española.
Podemos citar entre otros a la Consejera de Familia e Igualdad de
Oportunidades de la Junta de Castilla y León, Rosa María
Valdeón Santiago, al presidente de la Diputación de
Zamora Fernando Martínez, al Presidente Nacional de Caritas
Española José Sánchez Faba y al Presidente
Regional de Cáritas en Castilla León, Fernando Carrasco
del Río.
El acto comenzó con una intervención de Domingo
Dacosta, Director de Cáritas Diocesana quien se mostró
satisfecho porque "en Castilla y León se ha dado un
paso de gigante en el área de los Servicios Sociales siendo
la Comunidad Autónoma que más ha invertido en la dotación
de centros residenciales para Mayores". Sin embargo, recordó
que "aún quedan flecos que atar y sectores que atender
debidamente: los jubilados con pensiones mínimas y pensionistas
inválidos". El propio Dacosta señalaba que "las
plazas de residencias públicas son aún insuficientes,
las privadas son inaccesibles para un amplio sector de personas
mayores, y a las residencias de la Iglesia la nueva normativa, que
supuso un logro social en la Comunidad Autónoma, nos ha hecho
difícil la gestión de las mismas". Con esta normativa,
continuaba Dacosta, "se ha ganado mucho en calidad, pero entiendo
que, si queremos acoger a los pobres-pobres, como lo hemos hecho
hasta ahora, si no hay un desarrollo de la nueva normativa que arbitre
también ayudas económicas, tenemos que renunciar a
nuestro carisma".
Por último, el Director de Cáritas Diocesana se dirigía
a la responsable de Familia e Igualdad de Oportunidades de la Junta
de Castilla y León a la que le recordaba lo siguiente:
"con mucho pesar, en esta residencia no hemos podido admitir
de momento a los que no pueden aportar los mínimos, como
ha sido y queremos que siga siendo el destino de nuestros centros
sociales. Yo sé, Señora Consejera, que ésta
es la preocupación de la Consejería; que se están
dando pasos muy positivos por mejorar la atención de este
colectivo, tan numeroso y digno de nuestra sociedad. Por eso esperamos
que lo que la técnica ha encarecido, la Administración,
consciente de la labor que las instituciones de iniciativa social
desarrollan, devuelva a éstas el poder ejercer, desde la
calidad y la profesionalidad, su trabajo con los más desfavorecidos".
Respecto a la residencia, Domingo Dacosta afirmó que Cáritas,
se ha querido construir un edificio digno y se ha procurado equiparlo
con todo esmero para que los ancianos puedan disfrutar con dignidad
de los años que Dios les dé de vida. Para ello, el
gran reto con el que Cáritas se enfrenta ahora consiste en
"formar y poder mantener un equipo de trabajadores que, con
una atención esmerada, un trabajo serio y profesional y el
cariño espontáneo y delicado conviertan la residencia,
no en un almacén de ancianos, sino en su nueva casa que prolongue
y haga presente el calor y amor de la familia carnal". Pues
Cáritas entiende, concluía Dacosta, "que las
residencias deben ser un servicio, no un negocio; un hogar, no una
posada". Un capítulo de agradecimientos puso fin a su
intervención.
Tras el discurso de Domingo Dacosta, la toresana Rosa María
Valdeón Santiago, Consejera de Familia e Igualdad de
Oportunidades de la Junta de Castilla y León, mostró
su satisfacción por la apertura de esta residencia y aportó
una serie de datos estadísticos capaces de generar un poco
de esperanza para las personas mayores. La Consejera señalaba
que de 17.000 habitantes asentados en la comarca, 4.000 de ellos
pertenecen a la denominada Tercera Edad, mientras que la cobertura
de plazas residenciales para estas personas asciende al 10%, una
cuota que supera las recomendaciones de la Organización Mundial
de la Salud y que está también por encima de la media
provincial que se sitúa en torno al 5%. No obstante, la consejera
aventuró que las expectativas creadas en la provincia pretenden
"llegar al 5,66% de plazas, más del 5% recomendado".
Asimismo, Valdeón hizo público su compromiso con los
mayores y con la propia Cáritas que los atiende, de "ayudar
a las personas mayores que vivan en su domicilio".
Por último, Casimiro López Llorente, obispo
de Zamora, cerró el acto con unas palabras que adjuntamos
al final de esta nota. Tras esta intervención del obispo
se procedió a la bendición de las instalaciones. Un
breve concierto del Coro del Club de la Tercera Edad y un vino español
completaron los actos programados para dicha inauguración.
La Residencia para Mayores "San Agustín"
de Toro
En 1999, a las puertas del Jubileo del año 2000, el entonces
obispo de Zamora, D. Juan María Uriarte, encomendó
a Cáritas dar una finalidad social a un edificio que hasta
el año 1995 había albergado las habitaciones de los
seminaristas menores. En aquel momento Cáritas pensó
destinarlo a ser la sede del Centro de Rehabilitación de
Alcohólicos. Pero, por las dimensiones del inmueble y por
su ubicación, no parecía lugar propicio para desarrollar
una terapia que exige carencia de estímulos externos fuertes
y mucha concentración. La industria vinícola, tan
arraigada como floreciente de esta ciudad, aconsejaba darle otro
destino. Dada la problemática de los Mayores en la provincia
de Zamora, Cáritas decidió transformarlo en una Residencia
de plazas asistidas.
La rehabilitación del edificio comenzaba así durante
el mes de mayo del año 2000 y se planteó como uno
de los proyectos sociales con el que se conmemoraría el XI
Centenario de la fundación de la Diócesis de Zamora
(901-2001). La obra ha sido posible gracias a la cooperación
de varias instituciones y a la generosidad de muchos zamoranos.
Una vez concluidas las obras, la residencia comenzó a funcionar
hace algunos meses y hoy será inaugurada oficialmente.
La residencia tiene un total de 3.867 m2 construidos capaces de
albergar a 108 residentes en habitaciones dobles e individuales.
Con la apertura del nuevo centro, el número de plazas del
que dispone Cáritas en nuestra Diócesis es de 395
en las que se atienden anualmente cerca de quinientos residentes.
Más del 80 % de las personas acogidas en estos centros perciben
tan sólo la pensión mínima o una pensión
no contributiva, y algún cónyuge es admitido sin aportación
alguna por carecer de recursos económicos. Cáritas
apuesta por la atención a este colectivo porque un tercio
de la población de nuestra provincia es jubilada y, en gran
parte, vive con pensiones mínimas. Con la apertura de residencias
de este tipo, Cáritas pretende dar una respuesta adecuada
a estas situaciones, pues como ha indicado recientemente Domingo
Dacosta, Director de Cáritas Diocesana de Zamora, "no
es suficiente el alargar la vida de las personas, hay que luchar
simultáneamente para que su vida disfrute de la calidad que
corresponde a la persona humana".
Intervención del Señor Obispo
Saludo a las autoridades.
Con profundo gozo y verdadera satisfacción inauguramos hoy
oficialmente esta Residencia para Mayores de San Agustín.
Un acto, reiteradamente pospuesto por problemas de agenda, con el
que damos cumplida respuesta también a una de las acciones,
con las nuestra Iglesia Diocesana quiere dejar constancia comprometida
de la celebración del XI Centenario de su fundación
hace dos años.
La apertura de una residencia para Mayores por la Iglesia no es
un acto insólito ni en su historia y ni en su presente. Nuestra
Iglesia diocesana sabe que la atención a los mayores, especialmente
a los más pobres y necesitados, es algo inherente a su misión
evangelizadora. El compromiso caritativo y social, en nuestro caso
con los mayores, es algo que dimana directamente de su identidad
y de su misión.
Desde su origen y a lo largo de su historia, la Iglesia siempre
se ha sentido comprometida en una atención especial a los
ancianos necesitados y enfermos; atención que le lleva a
continuar la acción terapéutica y caritativa de su
maestro. "Al atardecer, cuando ya se había puesto el
sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. El curó
entonces a muchos enfermos" (Mc.1. 32-34).
En las comunidades cristianas, pronto nacieron los xenotropos
y se multiplicaron los lugares de atención o de acogida de
los ancianos. A partir de la Edad Media eran lugares promovidos
y regidos por las diversas órdenes religiosas de hombres
o de mujeres. El nacimiento y crecimiento de las ciudades multiplica
las situaciones de necesidad de las personas mayores, que al no
encontrar respuesta en las mismas estructuras sociales, provocaron
un crecimiento de medios en las instituciones eclesiales.
Desde finales del siglo XIX el Estado y la iniciativa social (en
fundaciones y patronatos muy cercanos a la Iglesia) tomaron conciencia
de su función social. No obstante, la acción social
de la Iglesia continuó siendo fundamental y hasta hace poco
era la que soportaba el peso mayor en la atención de los
ancianos. Hoy su compromiso sigue siendo importante y -yo diría-
que necesario y obligado para cumplir con su propia misión:
que el amor de Dios manifestado en Cristo se haga realidad en el
amor al hermano necesitado, anciano, desfavorecido. Si Cáritas
Diocesana y las órdenes y congregaciones religiosas en la
provincia de Zamora suprimiesen sus centros, con toda seguridad
la sociedad zamorana, especialmente los ancianos más pobres,
se resentirían.
Porque dimana de su misión y porque es necesaria su presencia,
la Iglesia Diocesana, a través de Cáritas, ha emprendido
esta laboriosa obra. Doy gracias a Dios porque este proyecto largamente
acariciado hoy es una palpable y bella realidad. Agradezco de corazón
a las Instituciones civiles y al Seminario Diocesano su apoyo, y
a las entidades privadas y a particulares, su colaboración.
La Tercera Edad ha venido a ser en nuestros días y entre
nosotros el sector más amplio de la población y el
más necesitado de atención y ayuda. En mis visitas
pastorales, sobre todo, en las zonas rurales, he comprobado -y así
me lo han transmitido los mismos fieles- que la necesidad, la soledad
y, a veces, el desamparo de nuestros mayores son acuciantes, y,
en algunos casos alarmantes, y vergonzosas. En muchos casos nos
sentimos incapaces de dar una respuesta satisfactoria. Las necesidades
superan con creces nuestras posibilidades.
Es verdad que las administraciones públicas, en especial
la Junta de Castilla y León, en las últimas décadas
se han implicado seriamente en la cobertura de servicios para los
Mayores. Nunca como hoy la sociedad ha dedicado tantos medios para
la atención de los jubilados, ancianos o personas de la Tercera
edad. Pero la aumento de los años de vida y el hecho de la
emigración desbordan los esfuerzos de la Administración
y de las entidades privadas no pudiendo dar respuesta suficiente
a este amplio sector de personas, muchas veces marginadas.
La Iglesia diocesana de Zamora sigue y seguirá comprometida
en la atención de los mayores en la medida de sus fuerzas
desde varios ámbitos. Desde el social, porque los más
pobres llaman a nuestras puertas; y desde el espiritual, porque
la ancianidad es la etapa de la vida en que más se sufren
la soledad, las desilusiones, las limitaciones físicas y
humanas que llevan, incluso, estados depresivos. En nuestras residencias
queremos potenciar también los valores espirituales y evangélicos,
que, sin duda, ayudan a ver el carácter positivo de las limitaciones,
de la enfermedad y de la misma muerte. Valores que ayudan a hacer
de la residencia, un hogar, una familia donde todos -residentes,
trabajadores y profesionales, dirección y administración-
se sientan acogidos, valorados y queridos.
Reitero el agradecimiento el Delegado Diocesano para la Acción
Caritativa y Social y Director de Cáritas Diocesana ha expresado.
Sra. Consejera le agradezco vivamente su presencia en este acto:
tenga la seguridad que esta Iglesia Diocesana tiene el compromiso
de invertir sus mejores fuerzas en favor de los más desfavorecidos.
Para este fin, nuestra Iglesia sigue abierta a la cooperación
con todas las fueras sociales y, de una manera especial, con la
Administración a quien le compete prioritariamente velar
por el bienestar social de los ciudadanos.
Termino expresando mi deseo, que se hace oración, para
que esta residencia, muy laboriosa en su construcción y nacida
con bastantes dificultades, pueda cumplir con las expectativas que
Cáritas Diocesana ha puesto en ella: acoger a los más
necesitados. Desde la exigencia de evangelizar a los pobres, la
Iglesia Diocesana espera seguir colaborando con un compromiso serio
en la atención de este sector de la población, por
una parte tan vulnerable y, por otra, tan venerable, como son los
ancianos. Ellos se merecen, que en la etapa final de su vida, se
vean rodeados de la atención, del cariño y de la dignidad
de la que son altamente acreedores.
Casimiro López Llorente
Obispo de Zamora
Para más información dirigirse a:
Miguel-Ángel Hernández Fuentes
Delegado Diocesano de Medios de Comunicación Social
OBZAMORA.MCS@telefonica.net
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