Crónica de los actos previos a la beatificación de la M. Bonifacia

Los actos se celebraron los días 3 y 4 de noviembre en Zamora
Una mesa redonda y vigilia
como preparación para la beatificación

El Colegio Divina Providencia situado en la Calle de la Reina, 9 y la parroquia de San Juan Bautista, fueron los escenarios en los que se desarrollaron una mesa redonda y una vigilia de oración. Con estos actos, los zamoranos se prepararon un poco más para la beatificación de la Madre Bonifacia.

Mesa redonda

La mesa redonda comenzó a las 20,15 en el salón de actos del Colegio Divina Providencia. Un salón de actos lleno de gente en el que participaron diversos ponentes moderados por María Burrieza, Sierva de San José.

El primero en tomar la palabra fue Herminio Ramos, Cronista Oficial de la ciudad de Zamora, quien disertó sobre la ciudad que se encontró la Madre Bonifacia al llegar a Zamora en 1883. A continuación, Adela Cáceres, sierva de San José y profunda conocedora de la vida y la obra de Madre Bonifacia habló del taller de Nazaret creado por la Madre Bonifacia. Acompañan la sabiduría de Adela de Cáceres algunas de sus obras publicadas como son, entre otras, "Encina y Piedra" e "Hilos y telares. Signos de una utopía".

La también sierva de San José, Agustina Estévez, se adentró en la espiritualidad de la Madre Bonifacia con unas palabras tituladas "Manos para trabajar, manos para acariciar". El párroco de Cristo Rey y experto en Derecho canónico, Miguel Mozo, explicó en qué consiste una beatificación y las razones por las cuáles la Madre Bonifacia va a ser beatificada. Miguel Mozo es un buen conocedor del proceso de beatificación de Madre Bonifacia desde su origen pues ejerció como notario del mismo en el acto de apertura. Por último, el obispo, Casimiro López Llorente, tuvo unas palabras de aliento y ánimo, mostrando que la citada beatificación es un acontecimiento para toda la iglesia diocesana por el que podemos y debemos dar gracias a Dios. Tras las intervenciones de los ponentes, el público allí presente formuló algunas preguntas y ofreció algunos testimonio o muestras de gratitud.

Vigilia de Oración

La vigilia comenzó a las 20,15 horas en la iglesia parroquial de San Juan, por ser ésta la parroquia a la que perteneció el taller en el que Madre Bonifacia pasó la mayor parte de su estancia en Zamora.

Presidió la vigilia el párroco de San Juan y de San Vicente, José Antonio Prieto Rodríguez. Junto a él, la directora del Colegio San José, Martina Julián fue la encarga de conducir la celebración al mismo tiempo que ejerció las funciones de monitora. Un coro de niños y niñas pertenecientes a los colegios "Divina Providencia" y "San José", dirigidos por la profesora Yoli Concejo, ayudaron en la ambientación y crearon una clima musical que favoreció la oración. Tras el canto de entrada y el saludo del presidente, la celebración comenzó con una montaje audiovisual en el que se presentó la vida y el mensaje de la Madre Bonifacia. Después del montaje intervinieron diversas personas ofreciendo sus testimonios. Pilar, trabajadora en el servicio de limpieza del Colegio "Divina Providencia". Yoli Concejo y Mari Sol Lobato, madre e hija adoptada. Yoli es profesora en los dos centros educativos que las siervas de San José tienen en Zamora y Mar Sol es una antigua alumna y residente del Colegio Divina Providencia.

Tras ellas intervino Juan Luis Martín Barrios, vicario general de la diócesis, que atiende pastoralmente a la comunidad de las siervas de San José de la calle de la Reina desde hace bastantes años. El último testimonio fue ofrecido por Pilar Mateos, testigo de oído en el proceso de la Madre Bonifacia, pues convivió, entre los 11 y los 21 años, con su abuela Cesárea Bienes, alumna de la Madre Bonifacia en el Colegio de Desamparadas de Zamora entre 1894 y 1896.

Tras estos testimonios se leyó un fragmento del evangelio y a continuación José Antonio Prieto pronunció unas palabras. La vigilia prosiguió con algunos cantos, la oración del Padre nuestro y la bendición final. Concluyó el acto de oración hacia las 21,15 horas.

Miguel-Ángel Hernández Fuentes
Zamora, 5 de noviembre de 2003