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CRÓNICA
DEL ENCUENTRO CON EL PAPA
CRÓNICA DIOCESANA
Viernes 2 de mayo. Salida de Zamora y Vigilia en la Almudena
Ángela Monasor
Aunque con retraso, por fin llegamos a Madrid. El autobús
paró a escasos metros de la Parroquia Virgen Madre donde
nos recibió el Arcipreste de Leganés. Rápidamente
dejamos nuestros equipajes en los salones parroquiales, nos repartimos
las mochilas de peregrinos y tras una charla de Fernando para ubicarnos
un poquillo nos fuimos a estrenar Metro Sur.
El trayecto fue tranquilo, estábamos cansados del viaje
y solamente hicimos unas bromas sobre el ansia de naturaleza de
los madrileños al ver los enormes fondos silvestres que adornaban
las estaciones.
Por fin llegamos, aunque tarde y a las bendiciones (nunca mejor
dicho) a Plaza España, ahí la cosa se empezó
a animar. La gente nos preguntaba de dónde veníamos,
cuál era nuestra bandera, incluso nos encontramos con algunos
paisanos!
Seguimos a la multitud hasta la Catedral de la Almudena, donde
nos apretamos un poquito, pero enseguida salimos para dejar paso
a tanta y tanta gente que se acercaba a la Virgen.
Iba llegando la hora de cenar y nos retiramos a unos jardincillos
(La Vistillas) desde donde se podía contemplar un romántico
paisaje de luces y la Catedral iluminada. Después de dar
cuenta de nuestros bocatas y gorronear los lavabos del bar de enfrente,
tras unas breves explicaciones, para los que aún estábamos
perdidos, volvimos de nuevo a la Catedral para asistir a una Vigilia
oficiada por el Cardenal Rouco Varela.
Aunque algunos se quejaron por su solemnidad, otros lo hicimos
por ser poco participativa, fue una celebración con momentos
emotivos. A mí me gustó, sobre todo, la intervención
de aquellos jóvenes cuyos países están en guerra,
que luchan y piden a Dios por un mundo Mejor. Fue muy significativa,
también la procesión de las Cruces. Cada una era diferente,
inspirada en el arte, la tradición y los sentimientos de
un pueblo pero todas con el profundo mensaje del amor de Dios, que
ama tanto al mundo que nos dio a su único Hijo.
A la salida, parecíamos haber tomado fuerzas durante la
reflexión, y nos pusimos a cantar y a bailar por la calle,
hasta en el metro. (¡Felicidades a esa dulzaina! ! Y a las
joteras, por supuesto!). Entre risas, canciones y carreras (casi
perdemos el último metro) fuimos preparando el terreno para
el día siguiente.
Sábado 2 de mayo. Multitudinario encuentro de jóvenes
Primero con los jóvenes de Leganés
Nos levantamos a las ocho y, tras cargar las pilas compartiendo
desayunos, un grupo de jóvenes de Leganés nos acompañó
hasta El Barrio de la Fortuna. Mientras esperábamos en la
Plaza de la Fortuna nos entretuvimos con las ya famosas Carolina
y Pepona, el Pollo, La Tetera, una Carrera de Caballos sin apuestas...
Y... para abajo! Un sacerdote, que triunfó por su sentido
del humor, nos presentó con grandes pinceladas a nuestro
Papa, Juan Pablo II (o era Juan XXIII?), nos habló de su
vida, su labor y su mensaje, y también de otros súper-héroes...
Tras unas pequeñas introducciones de los grupos que nos
encontrábamos allí, más o menos espachurrados
(jeje), nos numeramos del uno al trece (mira tú, mi número
de la suerte) y nos dividimos en el mismo número de grupos
para leer y discutir algunos textos.
Los primeros trataban de la unidad dentro de la Iglesia. Comentándolos,
en unos grupos más tímidamente que en otros, sacamos
algunas conclusiones interesantes, como que no somos nada sin los
demás, sin entregarnos a ellos y que debemos preguntarnos
qué debemos hacer con y para nosotros, la comunidad, y sobre
todo, para Dios.
La segunda tanda llevaba como título la Unidad y la Paz
hacia todos los hombres. Después de leerlos, concluimos que
el compromiso cristiano por conseguir estos objetivos debía
ser duradero y reflejarse en nuestra vida diaria. Además,
Juan Carlos, que estaba en mi grupo, propuso el estudio como vía
de compromiso cristiano para conseguir el desarrollo, la paz y ofrecer
a Dios nuestro trabajo. Será mejor estudiar con sentido y
no simplemente para "pasar de curso".
Después, en Cuatro Vientos con los de toda España
Terminamos y comenzamos nuestra particular peregrinación
hacia Cuatro Vientos. Llegamos allí a la hora de comer, eso
hipotéticamente, porque los intrépidos que se decidieron
a ir a buscar nuestra comida no volvieron hasta una hora después,
y todo bajo, como dirían los relatos épicos, un sol
de justicia.
Los bomberos llegaron a la hora de la siesta y sofocaron el calor
que comenzaba a ser asfixiante. Las actuaciones de varios artistas,
los testimonios de algunos jóvenes y las reflexiones de algunos
obispos fueron haciéndonos más corta la espera.
Tenía calor, sed, unas pancartas me impedían ver,
no sabían si empujaba o me empujaban a mí, pero no
podían parar de saltar y gritar: "Todos los zamoranos
tenemos un deseo saludar al Papa con mucho meneo...". Por la
megafonía se anunciaba que el Papa ya estaba cerca, que había
llegado al recinto "Se nota, se siente, el Papa está
presente...".
Tenía un gusano en el estómago, el mismo gusanillo
que juega conmigo antes de hablar delante de mucha gente o cuando
veo a ese chico... pero estaba vez me susurraba: salta, canta, grita...
y unas enormes ganas de abrazarme a alguien se apoderaron de mí.
Necesitaba vivir aquello en comunidad, quería sentirme más
que nunca parte de la Iglesia. Miré a mi alrededor y vi varias
caras conocidas, no había rastro de cansancio en ellas; sí
de alegría, de expectación, nerviosismo, impaciencia.
Levanté la vista y me asombré ante el mar de cabezas
que se extendía hasta donde la vista alcanzaba. "Esta
es la juventud del Papa" Y yo me sentí parte de ella.
Los gritos cambiaron, todas las miradas se fijaron en un mismo
punto. El Papa se sentaba lentamente en un sillón mientras
los prismáticos pasaban de unas manos a otras. "Os abrazo
a cada uno de vosotros"-dijo, entonces sentí una calidez
diferente al agobiante calor que los bomberos habían intentado
aliviar durante toda la mañana, experimenté la proximidad
de su mensaje y supe que escuchándolo me podría acercar
más a Jesús.
Su cuerpo puede estar desgastado, pero las pantallas gigantes nos
ofrecían una imagen de su mirada firme, sincera y misericordiosa.
La exigencia de sus palabras, se mezcla con la complacencia de su
leve sonrisa.
Su mensaje fue claro. Puso en nuestras manos la construcción
de la paz a partir de la tolerancia, la espiritualidad y el perdón.
Descubrí en su discurso el mensaje del Evangelio y el lenguaje
de Cristo: crítico, radical, prudente y claro. Los conflictos
políticos bélicos contra los que el Papa siempre ha
luchado así como las acciones nacionalistas encontraron su
réplica en él sin que Juan Pablo II tuviera que pronunciar
ni una sola vez la palabra guerra. "La paz es ante todo un
don de lo Alto que debemos pedir con insistencia." "Alejaos
de toda forma de nacionalismo exacerbado". "Las ideas
no se imponen, sino que se proponen."
Pero ante todo, como vaticinaba la canción "Color Esperaza",
de Diego Torres, que cantamos a su llegada, la misión que
nos proponía era espera esperanzadora: construir una Europa
fiel a sus raíces cristianas.
Compartió el tiempo de oración entorno a los Misterios
del Rosario con varios jóvenes, religiosos y seglares, que
dieron compartieron con nosotros su experiencia de vida cristiana.
Destacando la emocionante interpretación del Ave María
por Niña Pastori, la Virgen también tuvo un papel
importante, no solo nos la propuso como un modelo a seguir por su
entrega total a Dios, sino como "maestra para llegar al conocimiento
de la verdad a través de la contemplación." Ciertamente
es la oración la que refuerza el espíritu, no hay
más que observar la lucidez de nuestro Papa para comprender
que no hay hombre más "poderoso" que el que reza.
No importa su edad, importa su compromiso. El que un hombre, a veces
físicamente cansado, de... 83!! años sea la cabeza
de la Iglesia puede parecer una contradicción, pero alguien
me dijo una vez que cuando no entienda algo piense en la paradoja
de la Cruz, en Él está la respuesta.
Muy a nuestro pesar, el encuentro con el Papa llegó a su
fin. Los cientos de miles de jóvenes que nos habíamos
reunido allí volvimos a nuestras casas o a los lugares de
acogida.
De entre nosotros, un grupo de cincuenta personas decidió
quedarse hasta el domingo, otros nos fuimos ese mismo día,
la odisea del viaje hasta casa... mejor os la cuento otro día!
Domingo 4 de mayo: canonizaciones en la plaza de Colón
Nacho Enríquez
Eran las 6 de la mañana cuando los móviles, sintonizados
como despertadores, interrumpieron nuestros sueños en el
salón de la Iglesia Parroquial "Virgen Madre" de
Leganés. Nos desperezábamos y calentábamos
motores aún con el recuerdo de la impresionante jornada pasada
en "Cuatro Vientos", para tener otro "encuentro"
con el Papa a través de la misa de canonización de
los cinco religiosos/as, pero esta vez teniendo como marco la Plaza
de Colón. Después de desayunar y dejar preparadas
las mochilas, cogimos el tren de cercanías que nos trasladaría
hasta la estación de Atocha, y desde allí ir caminando
hasta el paseo de Recoletos, donde un cordón de seguridad
registraría nuestras mochilas, además de pedirnos
las invitaciones que daban acceso a un sector donde estaríamos
sentados y a la sombra. Esto fue posible porque nuestro obispo diocesano
cedió dichos pases a los jóvenes.
A través de la pantalla gigante observábamos con
gran expectación el recorrido que el Santo Padre realizaría
por las calles de Madrid en su "papamóvil", dándonos
cuenta que pasaría saludando a menos de veinte metros de
donde estábamos ubicados. En un impulso de decisión,
un pequeño grupo de ocho jóvenes tomaron la iniciativa
de saltar unas pequeñas vallas para poder disfrutar de esa
última oportunidad que nos brindaba esta visita con el fin
de fotografiar y saludarle lo mas cerca posible. Fue un instante,
un momento, pero que siempre permanecerá en nuestras retinas
y en nuestras oraciones.
La celebración resultó algo mas recogida, íntima
y emotiva que la Vigilia del día anterior, sobre todo por
lo que suponía la liturgia que rodeaba a estas canonizaciones.
Además destacaríamos la homilía realizada por
S.S. Juan Pablo II, en donde quiso transmitir y resaltar diferentes
rasgos de cada uno de los santos canonizados: De San Pedro Poveda
su "tarea educativa y humanitaria con los demás",
San José Mª Rubio "la entrega total al apostolado
y los sacramentos", por parte de Santa Genoveva Torres "por
ser instrumento de la ternura de Dios hacia las personas que se
encuentran solas", de Santa Ángela de la Cruz destacó
"su caridad por los mas necesitados, a través de su
naturalidad y sencillez", y de la Santa Madre Maravillas "su
promoción de las obras caritativas y sociales, a través
de una fe heroica y una vocación austera". De la misma
forma, hizo mención una vez mas al núcleo familiar
con el fin de que "surjan nuevos frutos de santidad, si la
familia sabe estar unida como santuario del amor y la vida".
Despidiéndose de España como la "tierra de María"
concluyó la celebración y la visita de S.S. Juan Pablo
II, y por nuestra parte, entre canción y canción regresamos
a la parroquia de Leganés donde agradecemos desde aquí
la enorme y desinteresada acogida recibida. Ya en el bus, caímos
rendidos en nuestros asientos con la satisfacción de haber
mantenido durante este fin de semana un encuentro con el evangelio,
la comunión y la oración, además de descubrir
en Juan Pablo II una revolución por sí mismo, porque
su cansancio nos ha hecho descansar, su angustia sosegarnos, su
dolor sanarnos, y su debilidad física fortalecernos. "Gracias,
Santidad. Desde Zamora le llevamos en el corazón".
Para más información dirigirse a:
Miguel-Ángel Hernández Fuentes
Delegado Diocesano de Medios de Comunicación Social
OBZAMORA.MCS@telefonica.net
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