 |
Las
religiosas dejan la Diócesis de Zamora a la que llegaron
en 1887
La
Diócesis de Zamora despide a las Siervas de María
después
de 118 años de presencia en la ciudad
Después
de 118 años sirviendo al evangelio mediante una dedicación
especial a los enfermos, las Religiosas Siervas de María
dejan Zamora cerrando la única casa que poseen en nuestra
Diócesis. Para agradecer su presencia en nuestra tierra,
el próximo viernes 9 de septiembre, a las 20,30 horas, el
obispo de Zamora, Casimiro López Lorente, presidirá
una eucaristía de Acción de Gracias en la Iglesia
Arciprestal de San Pedro y San Ildefonso a la que están invitados
todos los zamoranos.
El 25 de noviembre de 1887, llegaban a Zamora las religiosas Siervas
de María, Ministras de los enfermos, instalándose
por aquellas fechas en la planta baja de la vivienda del canónigo
Juan Pujadas, ubicada junto a la portada occidental de la iglesia
de San Ildefonso a la que acudían para los oficios religiosos.
Unos años después, en 1891, el obispo de la diócesis,
Tomás Belestá, confiaba a la comunidad de las Siervas
de María el cuidado de la iglesia de la Magdalena y les cedía
la casa contigua a dicha iglesia, habitada entonces por el sacristán,
en cuyo solar comenzaron la edificación de su residencia
actual. Dicha casa fue inaugurada solemnemente el 30 de octubre
de 1892. Desde entonces, estas religiosas han dedicado su vida y
su misión al servicio de los enfermos de la diócesis
y ahora, 118 años después de su llegada, se han visto
obligadas a cerrar su casa y trasladarse a otros lugares.
Los motivos de esta marcha han sido expuestos por el obispo de
la diócesis, Casimiro López, en una carta enviada
a todos los diocesanos para invitarlos a participar en la eucaristía
de acción de gracias: la enfermedad de algunas hermanas,
la edad avanzada de otras, la falta de vocaciones y la consiguiente
dificultad de llevar a cabo la tarea propia del carisma del Instituto
la atención de los enfermos a domicilio- han conducido
a la Congregación a la triste decisión de cerrar la
única casa que tenían en Zamora.
Su marcha constituye un motivo de dolor para la propia Diócesis
que se verá privada de la presencia de este carisma
en el mundo de la pastoral de la salud y de unas personas consagradas
y entregadas a la atención de los enfermos y de sus familias;
una presencia continúa en su carta el obispo- que se
ha prolongado por más de un siglo desde su venida en el año
1887. Desde entonces, han sido 136 las mujeres que han nacido
en nuestra diócesis y han consagrado su vida como religiosas
Siervas de María, de las cuales siguen viviendo y permaneciendo
fieles su carisma un total de 42.
La Diócesis de Zamora quiere agradecer su presencia, más
que centenaria y lo hará con una eucaristía presidida
por el obispo Casimiro López Llorente que comenzará
el próximo viernes 9 de septiembre a las 20,30 horas en la
Iglesia de San Pedro y San Ildefonso, la misma iglesia que las acogió
en sus primeros años de presencia zamorana y la parroquia
a la que han pertenecido desde su llegada a Zamora. Asistirá
también a la eucaristía la Madre Teresa Blanco, Provincial
de la Orden, así como otros miembros del Consejo que se trasladarán
a Zamora desde Santander donde tiene su sede el Consejo Provincial.
Para más información dirigirse a:
Miguel-Ángel Hernández Fuentes
Delegado Diocesano de Medios de Comunicación Social
OBZAMORA.MCS@telefonica.net
(VERITAS 08/09/2005) Las Religiosas Siervas
de María se han visto obligadas a cerrar la única
casa que poseían en Zamora ante la imposibilidad de seguir
haciéndose cargo de su mantenimiento y del servicio a los
enfermos, debido a la falta de personal.
La diócesis las despedirá mañana con una Eucaristía
de acción de gracias que presidirá el obispo en la
Iglesia Arciprestal de San Pedro y San Ildefonso (la misma que las
acogió en sus primeros años en Zamora y a la que ha
pertenecido desde entonces la Comunidad). A la Misa asistirá
la provincial de la Orden, la Madre Teresa Blanco, que se trasladará
desde Santander, donde tiene su sede el Consejo Provincial.
Monseñor Casimiro López explicaba los motivos del
cierre de la casa de las religiosas en una carta dirigida a los
diocesanos: "la enfermedad de algunas hermanas, la edad avanzada
de otras, la falta de vocaciones y la consiguiente dificultad de
llevar a cabo la tarea propia del carisma del Instituto la
atención de los enfermos a domicilio- han conducido a la
Congregación a la triste decisión de cerrar la única
casa que tenían en Zamora".
La hermana Milagros, superiora de la comunidad en Zamora, es una
de las tres religiosas que todavía no han abandonado la que
ha sido hasta ahora su residencia, lo hará previsiblemente
en los próximos días una vez que hayan recogido lo
que les queda.
La comunidad ha sido probada especialmente este año con la
enfermedad. Como relató la superiora: "hemos tenido
enfermas a tres hermanas; la mayor con un infarto cerebral, ha estado
tres años prácticamente en coma profundo; a otra un
virus le atacó el cerebro y ha estado 10 días en coma,
ahora le han quedado muchas secuelas; la tercera ha sido afectada
con una enfermedad gástrica y pasa por distintos ciclos".
Ante este panorama, las religiosas que quedaban sanas han tenido
que dedicarse a cuidar a las enfermas de la propia comunidad, y
por eso el ministerio a los enfermos que habitualmente hacían
en sus propias casas o en residencias había sido suspendido.
La hermana Milagros, que pidió "saber florecer donde
Dios nos ponga", será destinada a la casa de las Siervas
de María en Ciudad Rodrigo, el resto de las hermanas que
componían la comunidad de Zamora irán a Segovia (dos
hermanas), Bilbao, Valladolid y Ávila.
Esta religiosa confesó a Veritas que "cerrar la casa
siempre es un acontecimiento triste, lo nuestro es crecer, como
lo de todas las familias; es más bonito abrir una casa que
tener que cerrarla".
Sin embargo, la religiosa no dudó en agregar: "cerramos
la puerta, pero no la esperanza; quizá nosotras no veamos
resurgir a la Congregación en esta ciudad, pero sí
los zamoranos, a quienes estamos muy agradecidas no sólo
por las vocaciones que nos han dado, sino por sus muestras de afecto
y cercanía en estos momentos".
Aunque la hermana Milagros repite ahora la frase que su fundadora
(santa Soledad Torres Acosta) pronunciaba ante las dificultades
en los inicios de la Congregación: "ya vendrán
tiempos mejores, Dios proveerá", manifiesta también
su tristeza porque esta situación "no nos afecta sólo
a las Siervas de María, es una realidad social y eclesial
que vemos venir", pero insiste: "la afrontamos con fe
y esperanza".
La religiosa cree que analizar el problema de la "crisis de
vocaciones" es muy complejo, porque tiene "muchos factores
que han influido en la decadencia de todas las vocaciones, no sólo
las religiosas y sacerdotales, sino también las matrimoniales".
"El confort ha hecho orillar los auténticos valores
cristianos; en la familia y en contacto con la parroquia, pueden
surgir y crecer las vocaciones. Sin la marca cristiana en el matrimonio
pueden surgir también, porque es verdad que Dios puede sacar
hijos de Abraham de las piedras, pero lo normal es que una buena
cosecha salga de una tierra bien labrada y no de un barbecho",
dijo.
VERITAS AV05090805
|