Consagración de Sor María del Carmen Fernández, en el Convento de Clarisas de Villalpando

Consagración solemne de una religiosa clarisa en Villalpando

Sí, quiero

 

Un momento del acto de consagración; a la izquierda las monjas clarisas participando en el acto. Foto La Opinión Digital

El mismo día en que Don Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias, se casa con Doña Leticia Ortiz, una religiosa clarisa, María del Carmen Fernández, se consagra a Dios en el Convento de San Antonio de Padua en Villalpando (Zamora). La profesión solemne de esta religiosa contemplativa comenzará hoy sábado 22 de mayo, a las 18,00 horas en la capilla del citado convento, donde María del Carmen lleva más de seis años madurando su vocación de religiosa clarisa. Presidirá la celebración el vicario general del obispado de Zamora, Juan Luis Martín Barrios.

Sor María del Carmen Fernández nació en Gavilanes, provincia de Ávila, en el mes noviembre de 1970. Estudió Magisterio en la propia Ávila y Pedagogía en Salamanca. Su cercanía a las comunidades neocatecumenales le permitió conocer las clarisas de Villalpando en cuyo Convento de San Antonio de Padua ingresó el 14 de febrero de 1998. Ahora, tras seis años de maduración vocacional y de formación religiosa, a las 18,00 horas de esta tarde, realizará su profesión solemne mediante la cual se consagrará para siempre al servicio de Dios y de la Iglesia.

Este rito de la Profesión solemne se celebra dentro de la Misa, ante las monjas de la comunidad y los fieles que asistan a la misma. A continuación ofrecemos un guión de la celebración y una reseña sobre el monasterio de San Antonio de Padua de Villalpando.

GUIÓN DE LA CELEBRACIÓN DE UNA PROFESIÓN SOLEMNE

1. El llamamiento o petición de la que va a profesar.
2. La homilía del sacerdote que preside la celebración.
3. Escrutinio. Una serie de preguntas por las que el celebrante se asegura de que la que va a profesar está dispuesta a entregarse a Dios, y avanzar por la senda de la caridad perfecta.
4. La oración litánica. Quizá uno de los momentos más intensos del rito según el cual la elegida se postra en el suelo mientras la asamblea ruega a Dios Padre y pide la intercesión de la Santísima Virgen y de todos los Santos.
5. La emisión de la profesión, ante la Iglesia representada en el sacerdote, la abadesa del monasterio, los testigos y el pueblo.
6. La bendición solemne o consagración de la profesa. Por ella la Iglesia confirma la profesión religiosa con la consagración litúrgica, rogando al Padre celestial que derrame con abundancia los dones del Espíritu sobre la nueva profesa.
7. La entrega del anillo (algo que es costumbre en la Orden de las Clarisas), como signo externo de la solemne consagración a Dios.

EL MONASTERIO DE CLARISAS DE VILLALPANDO

La Orden de Santa Clara tuvo su origen entre los años 1211-1212, cuando la joven noble de Asís Clara de Favarone, con 18 años, deseosa de abrazar el ideal de vida evangélica propuesto por su conciudadano Francisco, abandonó su casa y se consagró a Dios en la iglesia de la Porciúncula. En seguida se le unieron otras jóvenes, entre ellas su propia hermana Inés. San Francisco instaló a estas nuevas hermanas en el pequeño monasterio de San Damián, situado a las afueras de Asís. Su ejemplo se extendió rápidamente no sólo por Italia sino por toda Europa de forma que, a la muerte de su fundadora en 1263, eran muchas las comunidades de clarisas extendidas por numerosos rincones de Europa.

En el año 1229, pocos después de su fundación asisiense, las clarisas llegaron a Zamora fundándose una comunidad que actualmente se vive en el monasterio de Santa Clara. Todavía en vida de Santa Clara, en el año 1254, se fundó una segunda comunidad de clarisas en nuestra diócesis que arraigó con fuerza en la ciudad de Toro. En el año 1386 se instalaron en Villalobos, en 1400 en Benavente, en 1482 abrieron una nueva comunidad en Zamora (hoy convento de Santa Marina) y en 1597 otra más (convento del Corpus Christi-El Tránsito). A Villalpando llegaron concretamente en 1633, precisamente el 15 de septiembre de 1633, fecha en que fue fundado el Monasterio de San Antonio de Padua por D. Antonio de Urueña, natural de Villalpando y tesorero de la Cruzada en Perú. Sus primeras moradoras fueron cuatro hermanas de la vecina comunidad de Villalobos. A lo largo de sus casi cuatro siglos de historia han sido numerosas las hermanas que han pasado por él para perpetuar la forma de vida iniciada por Santa Clara.

En la actualidad forman la comunidad 12 hermanas entre 29 y 81 años. Su vida sencilla transcurre entre la oración, la eucaristía, el trabajo (elaboran formas para la eucaristía y confeccionan prendas para una fábrica de León), el estudio, los momentos de encuentro fraterno… en un clima de silencio y recogimiento que favorece la unión con Dios. La clausura que ellas abrazan es signo de esa unión exclusiva con Cristo, de su vivir sólo para Él, mostrando a los hombres que sólo Dios es la riqueza auténtica, capaz de colmar todo deseo humano. Los muros del monasterio no las hacen indiferentes a las necesidades y problemas de la Iglesia y del mundo entero sino que están continuamente intercediendo por ellos, sintiéndose en comunión con las alegrías y las tristezas de todos los hombres.

 

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Miguel-Ángel Hernández Fuentes
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